gobierno administrativo

La democracia de administrativos

El señor Bustos solicitó -y se le aceptó- el reingreso como funcionario de la Diputación de Barcelona. Desde mi particular perspectiva considero su paso por el Ayuntamiento de Sabadell como un paréntesis temporal. Finalizadas las vivencias políticas, vuelve al trabajo segura que nunca se arriesgó a perder, por larga que fuera la ausencia.

Conversé hace unos días con el alcalde de Mataró, el señor Joan Mora. Rara avis. Me quiso llamar la atención sobre el escándalo de la Federación Catalana de Municipios (FCM). No acepta que todo el mundo sea puesto dentro del mismo saco. Y es que el totum revolutum protege la clase política -nada pierde el que está enfangado-. Pero el señor Mora es un empresario que un día se decidió a trabajar de alcalde a tiempo completo -fines de semana incluidos-. permanecerá sólo cuatro años -quería dedicar ocho, pero no podrá ser-. Todo ello constituye, ya me permitirán decirlo, el que tendría que ser habitual en nuestros sistemas de gobierno. Oxigenar el sistema público con gente externa que aporta valor añadido. Se queja el señor Mora, con razón, que los responsables administrativos de la FCM no advirtieron nunca nadie del régimen fiscal que regulaba las dietas pagadas a los miembros del comité ejecutivo. Él volvió el dinero inmediatamente que se sugirió que la situación podía ser irregular. Pero no comprende la falta de exigencia de responsabilidades a los trabajadores públicos que no hacen su trabajo. ¿Oi que cuando ustedes cobran el salario no traen su hoja de nómina a un abogado para verificar que el departamento de personal los ha dicho la verdad?

No somos conscientes de los peligros que corren las democracias de corte occidental. Las dictaduras y las pseudodemocracias (la China y Rusia, entre otros) presentan la democracia como poco eficiente a la hora de gobernar. Ellos, con su manera directa de administrar, siempre pueden echar por el derecho. Esta práctica no da miedo, porque es extrínseca de la democracia. Sí que me hace el deterioro interno que provoca que las democracias occidentales -especialmente las europeas continentales y, más concretamente, las meridionales- se carcoman con el día a día. Hablo de la invasión del sector público. No para hacer su trabajo (administración de la maquinaria pública), sino para gobernar, invadirlo a pesar de salir ahorros de cualquier responsabilidad.

Ahora nos escandalizamos por la indemnización pagada a los propietarios del proyecte Castor. Pero esta situación estaba prevista en un contrato que alguien firmó hace años. Qué ministro lo firmó? Qué funcionarios lo asesoraron y dijeron que aquel contrato era de interés público? Ningún fiscal iniciará una investigación en este sentido? También podemos hablar de la guerra destapada en Madrid a raíz del 9-N. Ha acontecido un rifirrafe entre abogados del Estado (funcionarios que ocupan las carteras del gobierno español, presidido por otro funcionario, exregistrador de la propiedad) y fiscales (funcionarios que se dedican a las acusaciones de oficio). Guerras internas.

Está de moda criticar la falta de separación de poderes entre los políticos y los jueces. Una consideración cierta pero incompleta. Porque la carencia de separación se encuentra en el origen: no hay clase política. Una cartera de gobierno es, hoy, un premio a un miembro del partido que ocupa un escaño. Y que, además, proviene del funcionariado. Una persona a la cual garantizaron una silla en el Parlamento gracias a una lista perfectamente cerrada -ya se sabe, la seguridad por encima de todo!-. Ah, y cuando se acabe el periodo de divertimento político, otro golpe al puesto de trabajo blindado -la plaza vitalicia-, como mínimo. Hablamos de alto funcionariado al gobierno español; de nivel más bajo en el caso catalán, o de chófer de la Diputación de Barcelona en el caso del señor Bustos. Si ustedes no ven la democracia amenazada, yo sí. Y mucho.

En consecuencia, todo el que proviene del sector privado es presentado como perverso -fíjense que el único consejero que tiene conflictos con el entorno es el señor Boi Ruiz-. La publicidad de la establishment público ya se encarga que se perciba así, acusando siempre la economía de mercado. Pero, de hecho, los males que nos afligen no provienen de un mercado libre, sino que han sido causados por oligopolios que no tienen nada que ver con la competencia de mercado. Grupos conxorxats permanentemente con los aparatos públicos. Con un funcionariado metamórfico en político cuando conviene por, después, acontecer miembro de un consejo de administración de estos grupos que, sospechosamente, el sector público no regula nunca correctamente. Y es que los organismos siempre intentan preservar la especie. Ni que sea a expensas de la democracia.

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